Conocer gente viajando

Conocer gente viajando es algo que resulta muy sencillo. Pero ¿es por las condiciones o es la actitud?

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Conocer gente viajando
La playa de La Saladita.

Conocer gente viajando es probablemente la parte más entretenida del nomadismo. Más allá de las vistas, paisajes, playas, montañas, cuevas, templos, ruinas, ríos, lagos, miradores, y todo el popurrí de lugares turísticos y no turísticos a los que uno va, muchas veces son las personas que se encuentran las que dan forma y sustancia a las experiencias en estos lugares.

Por ejemplo, normalmente recibo la pregunta clásica de qué país me ha gustado más. Y sinceramente no sé la respuesta, mencionaría dos o tres, pero sí puedo decir en cuál lo he pasado mejor. Y eso tiene mucho que ver con las personas que compartí, además de los lugares donde fuimos (como digo aquí).

Es curioso lo sencillo que funciona conocer gente viajando. Cualquier lugar el propicio para hacerlo, el único sitio donde no voy a conocer a nadie es encerrado en la casa. O en la Combi. Además de los vecinos de alojamiento, son buenos lugares para conocer gente los cafés, playas, trekkings, o simplemente la vereda. Viajando, parece más fácil acercarse a alguien y decirle “hola”.

Cierto es que también hay muchas condiciones materiales que ayudan. Los lugares voy suelen ser atractivos turísticos, de personas que andan en la misma onda, sobre todo si son evidentemente extranjeros. Y en aquellos lugares que son más locales, es aún más fácil dirigirle la palabra al único otro extranjero que me encuentre. Y si además puedo hablar su idioma, tanto mejor.

En cambio, en Santiago de Chile no le dirijo la palabra a la gente en la vereda. Ni le pregunto a extraños qué instrumento llevan en su funda. Ni voy a cafés o bares a ver si hay alguna mesa desocupada contigua a una chica sola. De partida, en Santiago no voy solo a cafés o bares. Quizás no tiene tanto que ver con viajar o no, sino con la disposición de ánimo.

Y ahora tengo a mi perro Tigre, es otro factor más para conocer gente.

Amigos perrunos

A casi todo el mundo le gustan los perros. Es un excelente catalizador social. Pasear con un perro es casi como hacer trampa en el juego de conocer gente viajando. Sobre todo si el can en cuestión hace alguna gracia simpática o que llame la atención.

En la Saladita, descubrí que a Tigre le encanta el mar. Cuando voy a surfear se mete muy adentro conmigo, tanto que me preocupaba un poco. Pero luego sale solo, haciendo body surf con su cuerpo canino. Uno de esos días, salí y encontré a Tigre rodeado por un grupo de veinteañeros que lo acariciaban. Me comentaron lo sorprendidos que estaban de cómo nadaba. Rápidamente estaba sentado con ellos, y me convidaron cerveza y marihuana.

En eso estábamos, cuando pasa caminando por la playa una chica con su perro, que llamó mi atención. El escenario ideal, no lo iba a desperdiciar. Me terminé mi cerveza, agradecí y me despedí de los chicos, llamé a Tigre, y aceleré el paso detrás de la chica, tratando de no sentirme como un acosador. Por fortuna, su perro nos percibió, y vino amistosamente a olernos a mí y a Tigre.

-¡Hola! ¿Ese es tu perro? ¿Cómo se llama?

-¡Hola! Se llama Salchi. ¿Y ese es tuyo?

-Sí, se llama Tigre. ¿Y tú, cómo te llamas?

Qué fácil que es conocer gente viajando.