Ser el peor

Ser el peor es el primer paso para ser bueno. Y no se puede saltar.

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Ser el peor
Caerse de una ola le pasa hasta a los mejores.

Justo al sur de donde me encontraba está el Estado de Guerrero, que Pame me conminó a evitar como sea. Es un campo de batalla de dos carteles, fuertemente armados. Te paran en la carretera y si no es tu día, es el último. La policía no interviene, es una tierra de nadie, está descontrolado. Al menos así lo pintaba Pame y sus amigos.

Sin embargo, los testimonios que he recogido hasta el momento no comparten ese diagnóstico. Otros viajeros me han dicho que han cruzado todo el Estado de Guerrero sin problemas, pero sí han estado de acuerdo en que han visto grupos armados en la carretera, especialmente en la entrada de Acapulco, aunque los han dejado pasar. La versión más aceptada apunta a que solo están buscando que el cartel rival no ingrese drogas a su territorio. Los turistas los tienen sin cuidado.

Con esta información, decidí salomónicamente que bajaría un poco más, pero no llegaría hasta Acapulco. Me atraía también una playa que escuché repetidas veces, llamada La Saladita, donde sería muy fácil seguir aprendiendo a surfear, dadas las características de sus olas.

Así que me subí a la Combi, y en unas horas llegué sin novedad. A veces pienso que sería mejor no escuchar las historias de las cosas cruentas. Uno lo pasa peor esperando que algo malo suceda, que si simplemente no supiera nada.

La Saladita es otro de esos lugares, que parecen corrientes en esta costa, que existen únicamente por el turismo del surf. No hay señal de teléfono, las calles son de ripio, y solo hay hoteles, cabañas, bungalows, habitaciones, y demás del espectro de alojamientos, todos orilla playa. Encontré un restaurant con que arreglamos acampar en la van, y usar su baño.

Naturalmente, a uno suelen gustarle hacer las cosas para las que se es bueno. Pero, paradójicamente, nunca se será bueno en algo si no se practica. Por tanto, para aprender a hacer algo nuevo, lo primero es estar dispuesto a ser malísimo, a ser el peor. Solo cuando se acepta ser el peor, sin abandonar la práctica, se puede empezar a mejorar.

Para muchas cosas, se puede ser el peor en privado, lo que es un alivio. Por ejemplo, puedes aprender a dibujar en tu casa, y nadie más tiene que ver tus mamarrachos de palito hasta que aprendes a hacerlo bien. Lo mismo pintar, cantar, o tocar un instrumento. La era de Youtube permite aprender cualquier cosa con extrema facilidad, y sin otra ayuda.

Pero para el surf, esto es imposible. Solo se puede practicar en las olas, y en estas siempre están los surfistas –“surfos”, como los conocen aquí-, y la gente en la playa. Así que no hay más remedio que practicarlo en público. Recuerdo en San Pancho, en medio de los surfos agarrando olas, yo tratando simplemente estar sentado en mi tabla sin perder el equilibrio, y sin hacer contacto visual con nadie.

Yo no creo en el talento, o en el impacto que dicen que tiene. Si uno practica algo, cualquier cosa, va a inevitablemente ser bueno. Quizás el diferencial de “talento” puede disminuir el tiempo requerido para alcanzar el resultado, o permitir alcanzar rendimientos extraordinarios, pero cualquier persona puede ser buena en cualquier cosa. Solo es cuestión de meterle horas. En las artes marciales japonesas, la única diferencia admitida entre discípulo y maestro es que el maestro lleva más tiempo.

El asunto es que renté una tabla y me metí. Una ola baja, que apenas si rompe y que se arrastra por muchos metros, aun lejos de la orilla. Realmente era ideal, muy fácil agarrar aquellas olas. O quizás, ya estoy aprendiendo a hacerlo.

Ahora le tocará a otro ser el peor.