Cristián Cuturrufo: Un músico democratizador del jazz y trompetista versátil

Su legado se esparce en una figura entrañable, que jamás se nubló con el éxito y la fama, siempre fue cercano a la gente común, así como un trompetista muy versátil, que supo democratizar un estilo musical de por sí docto, y un productor cultural generoso, al que le debemos la difusión del jazz en Chile.

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Hace unos días falleció el destacado y querido jazzista nacional Cristián Cuturrufo, aquejado por Covid- 19. Su partida ha generado una ola de reacciones en redes sociales de parte de personalidades de la cultura, con palabras de cariño y admiración. Al trompetista le sobran méritos para ser recordado como una figura entrañable y fundamental en el jazz chileno.

Oriundo de Coquimbo, fue hijo de músico. Su padre, Wilson Cuturrufo, sobresalió como un acordeonista y líder de una de las familias más tradicionales en el cancionero del puerto pirata.

Cristián Cuturrufo tuvo una formación académica y técnica muy docta como trompetista. Estudió en la escuela de música de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en Santiago. Sin embargo, su carácter alegre y sencillo, con su frondosa barba y amistoso humor que impregnaba energía, lo llevó a desarrollar una carrera musical más ligada a la calle y menos sometida a formalismos.

Luego de estudiar en la capital viajó a Cuba, lugar donde los instrumentistas del jazz no tienen complejos en cultivar estilos híbridos del género, añadiendo a la corriente docta música latina, africana, funk, son y pizcas de rock. Cuturrufo ahondó en la isla su vinculación con la música popular.

Esta diversidad estilística del trompetista, según afirman los entendidos, marcó un sello en la escena jazz de los 90 y 2000 en Chile, con otros exponentes en la misma línea como Ángel Parra Trío o Los Titulares. Gracias a estos músicos, el jazz en el país fue tornando un estatus más popular que, en el momento, lo expandió a otros territorios sociales, democratizándolo más allá de los circuitos habituales de instrumentistas y especialistas.

“A mí me gusta la cumbia, el bolero, el chachachá”, aseguró Cristián en una entrevista reciente al matutino La Tercera. “Todos se juegan por ser jazzistas, yo digo preocúpense de ser buenos músicos para tocar de todo. Yo vengo de la música popular y me formé en lo clásico en la Escuela de Música Jorge Peña Hen de La Serena. Tengo esa formación”, agrega en la misma conversación con el diario.

Justamente esa versatilidad en la interpretación y composición musical destacan sus pares y amigos jazzistas. Entendiendo que el Jazz es un estilo difícil de aprender y cultivar, de fuentes muy doctas y especialistas que, por desgracia, algunos suelen caer en la pedantería, incluso podría calificarse de elitista, Cuturrufo fue capaz de imprimir un sello que lo acercaba a la gente común, que disfrutaba su música sin necesariamente entender qué es un ritmo sincopado o conocer la figura de Charlie Parker o Dizzy Gillespie.

Sea por sus álbumes (“Puro jazz”, 2000; “Latin jazz”, 2002; “Recién salido del horno”, 2003; “Jazz de salón”, 2004 y “Villancicos”, 2005, junto a Valentín Trujillo; “Cristián Cuturrufo y la Latin Funk”, 2006; “Swing nacional”, 2007; “Socos”, 2019), por sus locales (The Jazz Corner, 2013 y Boliche Jazz, 2017) o por, cómo no mencionarlo, su labor de gestor cultural (produjo el Festival de Jazz de Las Condes durante varios años y organizó múltiples instancias de difusión del género musical, descubriendo valores de la escena y generando empleo para otros músicos), Cuturrufo es recordado con mucho cariño y aprecio.

Sin duda, esta trayectoria, que el Covid- 19 arrebató al país a sus tan sólo 48 años, no habría forjado su figura sin su personalidad característica. Quienes lo conocieron de cerca, sus amigos y colaboradores, rescatan su sencillez, chispa y energía, sentido del humor, vitalidad y pasión por la música.

La escritora Alejandra Costamagna, vecina histórica de Ñuñoa, publicó en su cuenta de Twitter un video de Cristián Cuturrufo improvisando libremente con su trompeta una versión del Cumpleaños feliz delante del emblemático local Las Lanzas de Plaza Ñuñoa. En la pieza audiovisual se ve interactuar junto al músico al poeta y hoy candidato a concejal por esa comuna (que va a la reelección) Camilo Brodsky, quien por supuesto comenta el posteo de Alejandra con mucho cariño y tristeza, al igual que la narradora, por el jazzista. Las Lanzas, bastión progresista de la política y cultura de la “República Independiente de Ñuñoa” o “Ñuñork”, no podía dejar de ser homenajeada por el trompetista popular y cercano a la gente común.

Personalmente debo admitir que no soy entendido en música. Sin embargo, fui uno de los tantos chilenos que disfrutó de la calidez del jazz de Cuturrufo. Lo conocí por casualidad: en el verano de 2008, realizaba mi práctica profesional en el programa Medianoche de TVN, en la época que conducía Iván Núñez. Fui asignado a cubrir el Festival de Jazz de Las Condes, que en esa ocasión se llevó a cabo en las inmediaciones de la Plaza Perú de la comuna. Además de disfrutar muchísimo del jazz accesible de Cristián, me sorprendió la llegada a un público que, lo constaté en entrevistas a los asistentes, no era especialista en el género.

Asimismo- como no suele ser la tónica cuando uno reportea, incluso en televisión- Cuturrufo muy amable y sencillo al darme sus impresiones en la cuña. Es más, luego de emitida la nota en el programa, muchas personas de TVN me felicitaban al saber que yo la había reporteado. “¡Buena tu nota, cabro!”, escuchaba y no eran precisamente periodistas de los más cultos del canal, sino que generalmente camarógrafos o empleados no profesionales. Cristián Cuturrufo sabía llegar a la gente común y acercar el jazz a oídos y gustos no especializados.

Revive la última presentación de Cuturrufo:


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