Refugiados del Covid

Toda guerra trae consigo refugiados. Y la guerra contra el Coronavirus no es la excepción.

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Liberación de las tortugas
Liberar tortugas recién nacidas, una de las actividades preferidas de los refugiados del Covid.

En mis primeras semanas en San Pancho, entre pasar el día en la playa, comer más tacos que en todo el resto de mi vida, y mirar a los gringos “liberar” tortugas, aprendí una serie de cosas nuevas.

Como, por ejemplo, que técnicamente pertenezco a los “refugiados del Covid”.

Los refugiados del Covid en México

El fenómeno de viajar a México por ser el único país abierto es sumamente común. Parece estar absorbiendo todo el turismo mundial, pues una gran cantidad de extranjeros, al ser consultados por los motivos que los trajeron aquí, responden lo mismo: era el único país abierto.

Es muy común trasladarse para escapar del Covid-19, tanto para las personas que simplemente no creen en él –los plandemia-, como para los que sí reconocen su existencia, pero quieren escapar de su locura y consecuencias de todas formas. Incluso ya existe una denominación para esto: “Covid refugees” (o “refugiados del Covid”).

Otra importante revelación, es que no hay nada que no se pueda conseguir en México con dinero, pues la corrupción está extendida a todos los estamentos y niveles, desde los más altos políticos, hasta el policía raso, pasando por todo el espectro de funcionarios y administradores del Estado.

Desde salir de una infracción de tránsito, renovar tu visa sin salir del país, o poner un auto a tu nombre de forma irregular, cualquiera de estas cosas no solo se pueden hacer, sino que son completamente comunes.

Y, por supuesto, que cada lugar tiene su Cartel, que controla la droga, y a veces otras cosas. Tienen sus lugares establecidos donde la venden donde la policía no los molesta, ya sea porque están sobornados o porque valoran sus vidas, y sus precios son bastante accesibles.

Yo solo consumo mota, y el problema que ésta tiene, aquí en San Pancho al menos, es que le echan un químico para secarla, que le deja un gusto extraño. Le pregunté a Pame si no se puede comprar de otra fuente.

La justicia del Cartel

Pame me explicó que ella, llevando ya varios años aquí, podía conseguir de quienes vendían de manera clandestina, pero me advirtió de no fumarla en la vía pública, pues las personas ligadas al cartel conocían perfectamente el aroma de su producto, y si sentían uno diverso, podían aparecer preguntando cosas.

Me contó la historia de un argentino que hace un par de años vendía su propia mota sin discreción alguna, por lo que el Cartel optó por hacerlo desaparecer. Se le vio unos días después, solo para tomar sus cosas e irse de San Pancho para nunca volver.

Pero el rol del Cartel sobrepasa por mucho el de meros dealers. En muchos lugares, la gente no acude a la policía, sino que al Cartel para resolver sus problemas, ya sea que les robaron una bicicleta, se desapareció su perro o su vecino movió los deslindes. Y la justicia del Cartel es mucho más expedita que la vía regular y sus resultados más efectivos. A cambio, el Cartel solo pide que, si vas a comprar droga, que sea la de ellos. Y si no, mejor que no se enteren.

Yo, como aparente refugiado del Covid, escuchaba con fascinación la manera en que funciona la sociedad mexicana en este pequeño pueblo. Estando aquí cuesta creerlo, pues todo tiene un aspecto tan amigable, tan sencillo, tan relajado.

-Porque es amigable y relajado –me explica Pame. Es muy simple: el que se mete en pedos es porque quiere. Si no lo haces, no te va a pasar nada. Para quedar pedo tenemos el tequila y el mezcal.

Es bueno seguir las recomendaciones locales.